¿Mexicanos al Grito de Rock?, si, así es, todo parece indicar que estamos en los feudos de Andrés Manuel López Obrador. Una dosis más de populismo para seguir alimentando a sus siempre famélicas huestes y que mejor escenario que el centro neurálgico de la política mexicana, El Zócalo (o Plaza Televisa, según la transmisión de la ceremonia del Grito de Independencia de dicha compañía; ¿habrán comprado los derechos del lugar?, en estos tiempos ya no se sabe si es un comentario absurdo o una absurda realidad). Dfiesta en el DF, el vehículo oficial para sus empresas de circo (para el pan tiene otras instancias), se encargó de gestionar con la omnipotente Chela Lora la presentación de su empleado (que de vez en cuando funge como marido) por primera vez en este macro recinto; sus “decires” son que antes no había aceptado por el riesgo de desmanes por parte de sus fanáticos y ello provocaría que “el gobierno” (El Mal Gobierno, esa expresión de “La Bola” revolucionaria que a últimas fechas los adalides del radicalismo “naif” y oportunista han rescatado) le echara la culpa a El Tri y ello desatara una campaña de censura y boicoteo como las de antaño. ¡Qué hermosa imaginación la de Chelita!, eso me confirma que el mundo Tri ya está en otra dimensión diferente y superior al de la experiencia humana concreta. ¿Y Alex?, bien gracias, encerrado en sí mismo en una especie de ostracismo interior mientras es aleccionado diariamente para cumplir su papel de “gritante de El Tri”, que prácticamente es para lo único que “sirve” y lo único que le importa a sus incondicionales; completa relación codependiente en que ni el uno ni el otro se apartan de sus papeles no vayan a descubrir que la vida es más amplia que ellos y su show.
¡En verdad, cómo llueve en la Babilonia revisitida!, mi avance desde la Estación Hidalgo del Metro hacia el lugar de los hechos se vio dificultado por un aguacero de los mil demonios que para la mitad del trayecto ya me había humedecido tanto como si se me hubiera ocurrido bañarme completamente vestido; la compra de un plástico o un paraguas (artículos de primera necesidad en esta temporada) ya estaba fuera de lugar. Como era de esperarse había sendos retenes policíacos para evitar pisto o armas, lo cual según entendí incluye los envases de plástico de agua purificada por lo que tuve que deshacerme del mío para poder ingresar sin que me la hicieran de emoción. Avanzando apresuradamente, no por la lluvia (¿qué sentido tendría dado mi estado descrito?) sino para poder presenciar completas las actuaciones y desde una buena posición, crucé las últimas barricadas sólo para darme cuenta que ya había bastante gente a pesar de la lluvia y de que ya habían empezado el concierto. Pero esa molestia no fue nada comparada con el panorama de paraguas abiertos y raza apelotonada hacia el escenario (dos escenarios, mejor dicho) que impedía presenciar directamente la actuación de Luzbel, quién fue el abridor, por lo que me la tuve que aventar viendo la pantalla gigante (¡uta madre!, de haber querido ver la tele me hubiera quedado en mi casa, ¡ah, no! ahora que me acuerdo no tengo tele).
Llegué en el momento exacto para escuchar uno de los choros alucinezcos que tanto caracterizan a Arturo Huízar, el vocalista, que hace sospechar si no se estaría metiendo heroína previamente. Por supuesto ante la rechifla general que dadas las condiciones ambientales no estaba por la labor de aguantar tanto verbo y menos sabiendo que El Tri era el headliner por lo que de vez en cuando se dejaba escuchar a coro el apellido del dios chilango: ¡ Lora, Lora, Lora! (esto se convirtió con el paso de las horas en una constante). Claro que siguiendo el habitual desarrollo esperado de los acontecimientos de los actores de esta monumental obra de teatro, a Huízar le valió soberanamente madres el ruido de fondo y siguió con su rollo. No tengo la menor idea con quién toca ahora (lo interesante sería verlo otra vez junto a Raúl Greñas quien ya se desatendió del Metal) pero sus músicos, la mayoría, se notan de camada más joven que él y se desempeñan sobradamente bien en su ejecución. Si tocó temas nuevos es algo que ignoro y de todos modos lo que quería la gente era escucharle los temas clásicos, lo cuál sucedió por lo menos en el lapso que pude disfrutar con “El loco” y “Esta noche es nuestra”. Teatral como es Arturo se despidió con un medio striptease (aunque en cuanto se retiró se alcanzó a ver como de inmediato alguno de sus asistentes le puso su gabardina sobre los hombros, ¡hombre, como todo un rockstar!) para dejar huella de su paso en la memoria de los asistentes, quienes como era de esperarse se lo festejaron.
La lluvia parecía seguir su propia melodía ya que por instantes aminoraba pero luego recrudecía. Ése fue el contexto medio ambiental en que La Barranca subió al escenario. En formato de cuatro integrantes (que hizo extrañar los sonidos que aporta el violín, por ejemplo, en algunas de sus composiciones), o séase bien rockero para estar al tono con el evento, la banda de José Manuel Aguilera (con Alejandro Otaola de complemento, no distinguí a ciencia cierta si Alfonso André sigue con ellos) demostró el porqué es un referente inmediato y claro de lo mejor que hay actualmente en la música moderna en México sin tener que recurrir a folklorismos baratos ni a combinaciones bizarras disfrazadas de genialidad (ya decía Peter Steele: “no confundan la falta de talento con la genialidad”). El sonido de La Barranca aún así bien puede merecer el ribete de Rock Mexicano (que no lo necesitaría de hecho) y no por qué sea ejecutado por Mexicanos (¡Santas obviedades, Batman!) sino porque, obviamente es una apreciación mía, la atmósfera que evocan las notas que desgranan, especialmente la lira de José Manuel, remiten al colorido y sonoridad de nuestro sincretismo cultural sin dejar de abrevar en la solidez del Rock Contemporáneo anglo, especialmente. En mi viaje mental son el perfecto soundtrack para un trayecto desde la Mesa de Otay hasta el Cañón del Sumidero. Lástima que los Talibanes (por fundamentalistas ortodoxos) de los seguidores de El Tri me cortaban la inspiración con sus alocuciones escandalosas clamando por su padre perdido, lo cual realmente no me molestó demasiado porque ya me imaginaba que esa iba a ser la tónica del concierto por lo que me di por satisfecho en esta ocasión de la actuación de La Barranca, este no era su público habitual ya que el de esta noche evita cualquier cosa que lo haga reflexionar (en todo el sentido del término) y se decanta por lo que lo haga bailar a secas y mantenerlo en la tranquilidad y comodidad de lo conocido (no me imagino a esta gente escuchando a un locatas como John Zorn, que a cada instante de su “música” destruye tus esquemas previos para proponerte otros que son igual de efímeros que los anteriores).
El diluvio ya durante la actuación de La Barranca había afectado el tendido eléctrico pero durante la transición al siguiente grupo se agudizaron los efectos y eso detuvo durante un prolongado lapso de tiempo la continuación del evento por lo que los “cánticos europeos” (Alex Lora dixit) no se hicieron esperar: ¡culerooooos! De improviso las bocinas vomitaron un tema, “lloraré, quizás si, quizás no (si no lloras tu); escribiré, quizás si, quizás no (si no escribes tu)”, que hizo que la raza aullara y comenzara a brincotear al más puro estilo chilango (como viles chapulines en comal ardiendo) haciendo imposible evitar el empuje de la marejada humana que se armó; en la pantalla gigante se veían círculos de felices slammers en plena faena, coronados de vez en cuando por ese particularísimo modo que tiene por aquí de impulsar entre varios a alguien que cae entre los bailadores, ¡pero con los pies por delante! (¡eso no es el crowd surfing que acostumbran los europeos!). Las cosas se sucedieron de ese modo durante varios temas mas y yo desesperaba porque no distinguía quien estaba tocando y en la pantalla no se veía nada más que tomas de los edificios del Centro Histórico y raza bailando. El paso de una toma en la que se veía a lo lejos técnicos en pleno escenario y lo seco del sonido me hizo comenzar a darme cuenta de que estaban poniendo música grabada. Lo que en otros sitios hubiera sido motivo mas que suficiente para incrementar el encono contra los organizadores (mínimo en Sonora, ya la raza hubiera comenzado a gritar algo como “¡si hubiera querido escuchar cd’s me hubiera quedado en mi casa!”) aquí denotó sin dudas lo fácilmente manejables que puede llegar a ser la gente cuando sabes de que pie cojean: pan y circo, vuelvo a afirmarlo. No entiendo el proceso mental por el cual los fans del Rock Bandoso se dicen rockanroleros de cepa y desprecian lo Pop por Fresa cuando los temas que los hacen ponerse al punto de la histeria, si se deja de lado la instrumentación y calidad tan básica del sonido, podrían fácilmente ser “tocados” por Uff o por Kabah; tienen una melodía igual de repetitiva y edulcorante (¡esos coros obsesivos!) que las de dichos “artistas”. Y para acabarla de chingar las dichosas rolas rockeras son la misma tonada pero en diferentes velocidades, sin olvidar las letras tan elementales y localistas que dificultan, aunado a todo lo anterior, el que la abrumadora mayoría de este tipo de grupos puedan tener éxito en otras latitudes en las que no haya un núcleo fuerte de chilangos o anexos: “mi muñequita de hule, de plástico; mi muñequita sintética, mi muñequita sintética; inhalando bolsitas con resistol; pasas la vida, perdida en un vaso de alcohol”.
El cielo estuvo tan de acuerdo con que los muñecos de Tex Tex (Texcoco Texcoco, no Texas Texas; no confundir por favor a pesar del perfil W.A.S.P de Lalo Tex) son a todas margaritas que se discutió con el cierre de sus compuertas. Tex Tex es un ejemplo claro de que la cosa no se trata de descubrir el hilo negro sino de disfrutar lo que se hace con calidad y dotar de identidad propia a cada tema creado, ser capaces de pulir un tema en estudio y poderlo representar en vivo sin reinventarlo pero dotándolo de la animosidad de la actuación en directo. A ellos yo no cometería el error de ponerlos en esa cosa llamada Rock Bandoso, son una banda orgullosamente de Rock’n'Roll en todo el sentido de la palabra que han merecido el respeto tanto de simples escuchas (y eso fue palpable) como de críticos feroces del Rockcito Mexica, para no ir muy lejos son uno de los pocos grupos respetados por Hugo García Michel, miembro del Comando Bonzo que tienen su cuartel en La Mosca en La Pared. Durante todos estos años Tex Tex ha conservado inamovible su alineación como trío y ello le ha representado tener una compenetración precisa y automática en la que los tres tienen un papel importante a partes iguales a pesar de la obvia atención que gana Lalo al ser guitarrista/vocalista; la solidez de su sonido no es tan rígido que no les permita adicionar otros instrumentos como en esta ocasión en la que se hicieron acompañar por un percusionista, un tecladista y una corista. Una característica notoria de Tex Tex, y en especial de Lalo (quien es el compositor de la mayoría de las canciones, si no es que de todas), es el constante humor que permea tanto en los temas en sí como, en especial, en el trabajo en directo, pero este humor no es gastado y dudoso como el de Alex Lora sino que es rico en variaciones y oportunidades; no se toman en serio (en términos de pomposidad y ceremonia) y es de agradecerse en una tierra en la que hay mucho “as-no conocido”. ¿Son mejores que El Tri?, siempre es relativo hablar en esos términos pero de corazón lo digo: ¡a huevo que son mejores!
¡Ay pobre Cecilia Toussaint!, en pocas palabras le fue de la vil chingada, este no fue su día. Tan la tengo fuera del circuito del Rock en México que ya se me había olvidado que ella estaba incluida en el cartel oficial por lo que hasta me dio un vuelco en el corazón escucharla anunciada; ¡tanto tiempo siendo fan de ella para de pronto tenerla frente a mi en vivo y a todo color!, bueno eso de “frente a mi” no es exactamente la justa descripción por lo ya descrito anteriormente. Casi empecé a babear regodeándome en la imaginación de lo que vendría. Pasó una rola que no reconocí y de inmediato comenzó a incrementarse la intensidad de los chiflidos y gritos de los acólitos de Lora; yo los miraba con cara de “espérense, pendejos, ahorita viene lo bueno para que se eduquen”. Nada más que no sucedió lo que en mi mente vaticinaba, y al contrario mi cara se pasó a “what?”. El acabóse fue con una versión very very slow de “Me siento bien pero me siento mal” que sonaba, con la ayuda del acordeón de Humberto Álvarez ex-Sangre Azteca, como producto desechado de Julieta Venegas. Cecilia sólo aguantó tres rolas y se tiró a perder, cosa que se lo agradecí con toda mi alma para que no siguiera empecinada en “contemporizar” sus temas clásicos. Ella siempre ha dicho que no está casada con algún género en especial, aunque prácticamente se hizo en la escena rockera, y eso es loable, yo no desprecio sus temas fuera del rock y en verdad se defienden por sí solos sin necesidad de meterlos en alguna clasificación. El asunto es que, enmarcada en este contexto, sus temas más eminentemente rockeros no requieren de ninguna actualización, en ese sentido si desea ser considerada como una nave libre que no sea asociada indisolublemente al Rock pues lo mejor sería que no los volviera a tocar y menos permitir que sus publicistas la sigan vendiendo como producto para rockeros; ¿qué chingados hace, pues, en este circo? Y lo peor del caso es que la música sonaba sospechosamente similar a lo que hacen hoy día las féminas más exitosas en el ambiente; se puede aprender de todo el mundo, pero eso no significa que se deba copiar indiscriminadamente lo que hacen otros especialmente cuando ya se tiene una larga historia en estos menesteres. Tengo la sensación de que Cecilia está empecinada en recuperar los reflectores de la popularidad y se está valiendo de medios que llegan a contraponerse cuando lo que debería hacer es buscar otro camino o dejar de tener ese objetivo y dedicarse a la música por si misma.
La Leyenda Javier Bátiz. Pues si es una leyenda, es una leyenda muy cargante. Este hombre parece ser que no se da cuenta de los niveles de ridículo a los que llega con sus reminiscencias reconstruidas del pasado, lo cual hace sospechar si no tendrá alguna tara mental debido a la vida loca. Consabida es su clásica alocución de ser “el maestro de un chavo llamado Carlos Santana”, lo cual provoca una pena ajena mayúscula cada vez que lo expresa. Muy probablemente si le enseñó algo, pero la intención implícita que hay en sus palabras es que Santana le debe todo lo que es a él y eso ya de plano es una verdadera mafufada. Parafraseando a un amigo, Bátiz siente que la vida le debe y que no tiene el lugar que merece, más aún Carlos Santana tiene la posición que el PUDO haber tenido y en esas infinitas posibilidades es donde él basa su vida, lo que de plano es bastante enfermizo hasta para el mas neófito. Y aquí, en relación al concierto, es donde entra otro factor digno de analizarse porque él se ha convertido en un mito de la posibilidad exitosa frustrada (“yo pude ser si hubiera…”) tan caro a la chilanga banda que a pesar de que su set fue de lo más aburrido y autocomplaciente no recibió absolutamente ningún comentario de molestia, simple y sencillamente lo dejaron ser; no cabe duda que a la miseria le gusta la compañía. Su famosa destreza guitarrística es innegable pero es algo que ya se ha escuchado previamente (es la clásica distorsión psicodélica de finales de los 60′s y principios de los 70′s) que no dudo que si le rascamos al pasado resulte ser uno de los pioneros, lo malo es que suena exactamente como lo que es: un artículo de consumo para el circuito de la nostalgia. Es alguien que vive desfasado encerrado en su propio mundito y en un pasado remoto.
“Mexicanos al Grito de Rock” es una oportunista gira orquestada por Chela Lora en la que supuestamente se pretende servir de escaparate a las “verdaderas bandas de rock en México”; todo el pedo es que Chela quiere ser la Sharon Osbourne de México, incluida su versión del OzzFest (¿para cuándo un Reality Show de los Lora?). En un pasado reciente, y aun hoy día todavía (aunque ya más medido), Alex Lora no desaprovechaba oportunidad para tirarle mierda a los grupos que tocaban “cumbias disfrazadas de rock”, como Caifanes y Maldita Vecindad. Como que el matrimonio Lora ya entendió que el negocio es el negocio e incluyeron en esta gira a una de los combos de ska más exitosos del momento, Los de Abajo, quienes venían recién desempacados de una visita al continente europeo. Yo soy muy prejuicioso con el ska nacional, en especial el avecindado en Chilangolandia, y no tenía muchas esperanzas de escuchar algo bueno, pues déjenme decirles que realmente son buenos en lo que hacen especialmente los temas más actuales (ya que tienen algunos años de formados, hasta un demo me tocó ver en las páginas de la Banda Rockera) que son apoyados por efectos y samples derivados de un D.J. La típica sección de metales (que hizo que más de uno gritara “¡la Sonora Santanera!) con el paso del tiempo ha adquirido solidez y riqueza en las variaciones, han dejado de ser simple apoyo y ruido de fondo como les sucede a la mayoría de los practicantes del ska. ¿Lo malo del asunto?, esas reiterativas menciones al radicalismo de pose más obvio; EZLN, Chiapas, Ché Guevara, CGH, Altermundismo, el 68, ¡Lucio Cabañas! (claro, para parecer original hay que proponer un nuevo mito). Deberían dedicarse a tocar y no a lanzar lugares comunes (hablar es barato) que cualquiera sabe y que no requieren un gran proceso de análisis para estar de acuerdo; si se va a ser radical en la propuesta ideológica se requiere ser comprometido y consecuente con ello, amén de ir al fondo de la cuestión y no dejarlo como simple anécdota para el adorno (un ejemplo de congruencia y proposición lo era Negú Gorriak y su compañía Esan Ozenki, que los llevó hasta juicios como el del General Galindo gobernador de facto del país vasco). Lo que sucede es que como originalmente las bandas de ska estaban comprometidas ideológicamente con causas radicales por su origen proletario, o étnico en algunos casos, al trasplantarse forzadamente (como suele suceder) en México sus clones para ser SKA consideraban obligatorio repetir el esquema; ¿qué pinche problema hay con qué la música se circunscriba a la diversión? ¡Ninguno!
Three Souls in my Mind no era el mejor grupo de los 70′s en México, había infinidad de grupos que les daban la vuelta en cuestión de calidad, desde los mismos fresitas de La Revolución de Emiliano Zapata hasta Peace & Love pasando por Bandido, La Tinta Blanca (White Ink!), Los Dug Dug’s, etc. Su gusto por el Rhytm & Blues Rolling Stoniano y la decisión de cantar en español poco a poco los hizo ganarse adeptos que pronto se hicieron legión ante los acontecimientos post-Avándaro en los que sistemáticamente se cerraron las puertas de lugares de trabajo y promoción a los grupos rockeros del momento, quienes con el transcurrir de los años emigraron, se desintregraron o mutaron hacia cosas más aceptadas (con géneros diferentes o volviéndose grupos fusileros de ambientación). Los consumidores que tenían el poder económico dejaron de seguirlos y prefirieron quedarse en sus casas a escuchar discos de importación del ritmo que fuera, algo más seguro que arriesgarse a recibir la represión por ser jóvenes, recordemos que aún estaba muy presente el trauma del 68 y especialmente el Halconazo donde les hicieron notar de forma clara que las cosas no habían cambiado. El gusto manifiesto por el rock en vivo nacional se convirtió en algo propio de proletarios quienes lo recibieron en sus ciudades perdidas y en los clandestinos hoyos fonkys por lo que seguir en ese circuito se volvió cosa de unos pocos arriesgados. Huelga decir que el Three Souls fue uno de esos aferrados, lo que no sabemos es si fue por convicción personal o porque no sabían hacer otra cosa. Si son curiosos y rastrean los temas de la primerísima etapa del grupo y la comparan con la subsecuente, notaran que la temática, aparte de estar algunas escritas en inglés, no deja de ser la típica de cualquier grupo de la época (influenciados por el rock extranjero) lo cual cambió con los sucesos mencionados ya que pronto se dio por manifestar las problemáticas comunes del “chavo de onda” (el servicio militar, la falta de empleo, las drogas, la represión, la carestía de la vida, la devaluación, el rechazo clasista, la sobrepoblación, etc.) lo que hace pensar si Alex hizo eso por decisión propia (convencido de la oportunidad de manejar ese mensaje) o si se trataba de darles de comer a su público cautivo quienes querían no pensar nada y distraerse de la cotidianidad opresiva de sus vidas por lo que deseaban ver reflejados en el otro sus deseos e inquietudes, la relación se volvió funcionalmente bidireccional, todo iría bien mientras ninguno de ellos se saliera de su papel prescrito (Alex desde este momento se autonombró cronista de la ciudad). Este estado de las cosas convirtió virtualmente al Three Souls in my Mind en la referencia única e inmediata a ojos de los rockanroleros de las clases bajas, quienes medían al resto de los exponentes a través de este tamiz rígido. A nivel crítico y de reconocimiento externo el Three Souls era defenestrado a partes iguales entre los críticos de rock casados con lo puro extranjero y los grupos de rock exclusivista (tocando géneros exquisitos como el Progresivo o cantando todavía en inglés) por su sonido primitivo y actitud retrógrada (¿pues qué chingados querían?, intelectuales no eran y tampoco se la llevaban en el Hotel México).

Los principios de los 80′s vio la separación de Alejandro Lora del Three Souls in my Mind debido a diferencias con sus compañeros quienes no fueron capaces de aceptar ni comprender que Alex era el Three Souls y que sin él no tenían amo que los guiara por lo que desde ese momento se perdieron en la oscuridad de la mediocridad más absoluta. Dinero es dinero y el éxito indudable de El Tri entre los lúmpenes de la Ciudad de México, a pesar de no contar con difusión masiva (para los habituados a Televisa y Notitas Musicales ellos no existían), impulsó sus grabaciones en Wea a través de ComRock. Finales de esa década veladamente vieron la transición de El Tri de un grupo propio para clases bajas a un grupo consumido por todos los niveles, específicamente al tomar la batuta del control absoluto de los negocios la esposa de Alex, Chela. Si antes los promotores empedaban a Alejandro para pagarle, que de todos modos eso era lo que siempre buscaba, ahora se topaban con un muro inamovible quien se daba el lujo de exigir lo que quería, incluido boicotear a los grupos que no eran de su agrado más aún si podían hacerle sombra al grupo de su marido, como bien lo pueden atestiguar los de la Banda Bostik. Ella se encargó de pelear los lugares y medios de promoción idóneos para aumentar la presencia de El Tri, hasta el extremo de lograr abrir las puertas de Televisa; las estrategias de marketing quedaron a criterio de su única decisión. No es casualidad que el sonido de las grabaciones haya mejorado y que de pronto notáramos melodías tarareables (incluidos chiflidos y guitarras acústicas para baladas directas) que manejaban temáticas totalmente oportunistas y complacientes, y no se diga el bombardeo de producciones (casi a una por año, sin contar los en vivo y variaciones raras) como si fueran tortillas; esto era necesario para ampliar su base de seguidores hacia estratos que tuvieran mayor poder adquisitivo, lo cual lograron con creces. Alex Lora, por lo menos ya se descararon porque ahora es El Tri de Lora, se vende hacia esos estratos como un ícono de rebeldía controlable que hace el favor de volvernos malitos por un ratito sin necesidad de que lo seamos.
Asistir a un concierto de El Tri a partir de los 90′s es idéntico a asistir a la Lucha Libre en el sentido de que ya se sabe por adelantado todo lo que va a suceder; en otro símil, es como asistir a ver una película llevando el guión, ¡no hay ninguna pinche sorpresa! Miento, la única expectativa que puede llegar a interesar es si va a realizar un ridículo nuevo que supere lo previamente vivido; a veces lo pone difícil porque no hay absolutamente nada nuevo, pero tenía la esperanza de por ser una ocasión especial preparara alguna estupidez. Una sola vez he pagado por verlo, y con esa ocasión en León tuve suficiente como para no repetir la experiencia; no esperé a que concluyera el concierto, en cuanto comenzó a dirigir por enésima vez los coros de la raza casi corrí hacia la salida más cercana del Auditorio de la Feria. Es increíble la expresión cuasi orgásmica de sus seguidores ante cualquier expresión de él, lo obedecen al pie de la letra y pareciera que es la primera vez que lo hacen (¡hasta se ríen de las mismas pendejadas que ha repetido hasta la saciedad!); le perdonan absolutamente todo aun cuando resulte absurdo y contradictorio, de plano si que es el papá perdido que todos desean encontrar: ¡papá, no te vayas, no me vuelvas a dejar!. Nota a favor: lo único realmente bueno fue la actuación de un violinista en varias de las canciones, que demostró no ser un improvisado o autodidacta sino que era músico de conservatorio de formación clásica (como que Alex y su esposa quedaron traumados con el éxito de su Sinfónico; ¡pinches Apocalyptica, ya ven lo que causan!). El plato fuerte de la noche poco a poco lo fueron anunciando y en mi mente también poco a poco fue surgiendo una aterradora comprensión de lo que venía, ¡pero no quería creerlo! Con intro de órgano comenzaron a ejecutar su pericia vocal un numeroso coro para dar cabida a: ¡Virgen morena! Entendía lo del oportunismo religioso guadalupano de Alex (que de todos modos hace eco de las preferencias de sus fans) y del sentido de realizarlo frente a Catedral, pero esto superó mi límite de tolerancia y como alma que lleva el diablo corrí hacia la seguridad de la Estación Hidalgo del Metro donde me acurruqué en un vagón meditando que acto de expiación y purificación tendría que realizar para poder eliminar de mi mente lo que acababa de presenciar.
P.D.: Las únicas fotos que son propiamente del concierto son las de Tex Tex y El Tri, las de Javier Bátiz y Luzbel son del evento de arranque en San Luis Potosí, las demás son promocionales o de otros eventos.