Larga Vida al Metal… ¿y también al Metalero? (Febrero 2002)

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Cosas del localismo, nunca había considerado la veracidad de la presencia nacional de Khafra, hasta que sostuve una conversación de libre asociación con gente del centro del país en la que coincidimos en haber tenido su mítico primer disco como inspiración en la defensa tenaz de nuestras preferencias musicales y juveniles en general, eran los perfectos himnos de batalla para sostenerse ante las presiones de los padres, los maestros y la sociedad por completo, para acabar pronto. ¿Cómo no sentirse identificado con las líricas de trallazos sónicos del calibre de “El rock´n´roll es para los fuertes”, “Rebelde soy”, “Preferimos morir” y especialmente “No pararemos de rockanrolear”?, eran auténticos reclamos de ingenua inocencia en una generación todavía dispuesta a darse el lujo de soñar, pero próxima a crecer, con las pérdidas y ganancias que conlleva. Las traiciones de la realidad acabaron con la saga de Khafra y la dinámica de la vida misma les provocó amnesia a la mayoría de sus seguidores, sólo unos cuantos de ellos atesoraron en sus mentes un recuerdo de aquellos dorados años, sin embargo la leyenda surgió y con el paso de los años ganaba adeptos en las nuevas generaciones.

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Aunque maliciosamente se rumoreaban las “terribles faltas al código rockero” hechas por Pascual Meza, su vocalista e indiscutible líder, durante su ausencia de la escena, esto no afectó en lo más mínimo el impacto de las actuaciones de retorno; algunos sobrevivientes de la época más fervoroso nuevos fans que habían vivido la fama de Khafra de oídas hicieron todo un éxito de dichas actuaciones. La coda de esa fiebre todavía alcanzó para darle una buena recepción al obligado segundo disco, “Generaciones”, apoyado en el rescate de “Nadie sale vivo de aquí” y de temas nuevos en la vena anti-sistema del primer disco, con algún toque ecologistas y de teoría conspirativas; Discos y Cintas Denver lo editó por lo que podía esperarse una portada digna de ellos: horrenda e infantil a partes iguales. Por ese tiempo se dio un efímero boom de difusión en MTV “Argentino” del Metal Latino a través de su versión de Headbangers Ball, que había logrado introducir con éxito a A.N.I.M.A.L. en la rotación normal de videos del canal, por lo que era común observar trabajos de diversas bandas del continente, y algunas de ellas bastante subterráneas; como se hacían invitaciones para que los interesados enviaran sus propuestas, a la “organización” que está atrás de Khafra se le ocurrió montar un publicitado evento para la filmación del clip promocional de “Los juegos”, fue un memorable gig tanto por el abridor Necrum como por los alternantes Astaroth y Parasite sin olvidar el nostálgico palomazo de Carlos Avilés, pero yo y una buena cantidad de personas seguimos sin ver el mentado videoclip.

Esos días vieron también la primera actuación de Khafra en la surrealista Expo local alternando con un combo tropicaloso en un pésimo escenario, con un deficiente sonido y ante un público variopinto más ansioso por lanzarse al dancing cumbiambero que por disfrutar con el poder del rock´n´roll, pero como siempre los pocos metalheads convirtieron tan desolador panorama en una agradable velada que sabía o eso queríamos creer a reivindicación simbólica del rock pesado en Cd. Obregón ante la comunidad. Lo que no sabíamos en aquel momento es que eso se convertiría con cada edición de la Expo en el evento de cajón para los “rockerillos” de la localidad, el obvio acto abridor o alternante para lo que los organizadores contrataban como el grupo rockero jalador en turno, un amplio espectro que ha ido desde Control Machete hasta El Gran Silencio pasando por Coda, El Tri, Enanitos Verdes y Café Tacuba, ¿quién sigue?, ¿Jumbo, Moenia, Aleks Syntek, El Símbolo?, hagan sus apuestas más no incluyan en ellas la posibilidad de que alguna vez decidan darle una oportunidad a algún nuevo valor más acorde con la música del headliner; ¡esto es negocio, no cultura!, ¡vamos sobre seguro, no sobre riesgos!, ¡queremos resultados inmediatos, no a largo plazo!… ¡malditos eyaculadores precoces!

Se me confunden la fechas exactas, pero por ese tiempo fue el último concierto de Khafra al que asistí lleno de optimismo y con ganas de pasármelo bien. Para empezar, el show inició con más de una hora de atraso y los que tuvieron que pagar el pato fueron Ethos y Ente. Los primeros tocaron tan sólo media hora, pero eso no fue nada comparado con la actuación de Ente, ¡nada más pudieron tocar 3 tristes canciones¡… ¡si por ellos compré el maldito boleto! Mi enojo fue en aumento ante la hora exacta que tocó una de las innumerables formaciones de Los Hechos quienes con su ska-grunge-aggropop me hicieron entrar en un estado semicomatoso, del cual pude salir con la subida al stage de Pascual y sus músicos.

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No lo sé, quizás fueron las frases animadoras típicas de Pascual (¿están calientes?), o quizás fue la clásica invitación a un slam organizado en “Dama de la mentira” (hasta ese instante me di cuenta de lo vacío del enorme galerón en el que estábamos en comparación con el público asistente), o quizás fue el inevitable momento sentimental de “No pararemos de rockanrolear” (¡pueden sacar los encendedores!) o quizás fueron los ya habituales chorros de agua hirviendo sobre la raza del moshpit (cual vil Ozzy revisitado), o quizás fue la novedosa lluvia de confetti (me quedé esperando unas coristas en bikini al más puro estilo Glam Metal) o quizás fue la infaltable referencia al legendario concierto en el teatro del ITSON, o quizás simplemente fue el que pudiera predecir fácilmente cada una de estas cosas, pero el hecho es que todo esto me estaba produciendo una sensación molesta parecida a masticar un chicle previamente masticado.

Y no ayudó en nada a mejorar la situación el que los temas del tercer disco “Las víboras cambian de piel” (lo reconozco, decente arte en portada e interiores) pasaron sin pena ni gloria por los oídos de los asistentes, fueron breves momentos de reposo para los temas clásicos. Cuando pude escuchar el disco en sí, confirmé mi sospecha, la magia habíua desaparecido para dejar su lugar a una especie de muzak metalero de easy listening; voz con distorsión sumamente extraña, canciones queriendo sonar actuales (como A.N.I.M.A.L., si, yo también leí esa reseña de Códice Rock, pero yo no me fiaría tanto del feudo de Chava Rock) pero que acaban en la intrascendencia, y finalmente, temática que ya sonaba a autoparodia involuntaria y a agotamiento de ideas.

Si no he mencionado a los instrumentistas del grupo en esta época es por la sencilla razón de que tengo escasa persistencia de memoria por lo fugaz y fútil, semejante desfile de elementos es motivo suficiente para comenzar a dudar de la seriedad de Khafra como asociación musical y preguntarse en quién radica el problema ¿en Pascual o en los ex-integrantes?, no lo sé a ciencia cierta y especularlo sería entrar en terrenos de la chismografía, tal como se maneja el asunto en esta tierra.

Es curioso como desde el comienzo, Pascual se ha rodeado casi exclusivamente de puros jóvenes, quienes invariablemente entran con todas las ganas del mundo y por una razón u otra no tardan en abandonar la nave, ¿significa algo?, lo ignoro pero supongo que hay cierta gente que intenta recuperar la vitalidad de la juventud perdida a través del contagio y perdurar perennemente, ¿signos de ello? cuando las promesas suplen a los hechos: ¿alguno recuerda la cacareada visita a “la república española” (como dicen los fans de “El Tubo”)? ¿ya sucedió? si ya fue así díganme cuándo porqué yo no me enteré. Vamos Pascual, tu condición y la de los Parasite es diferente, no creo equivocarme al deducir que ellos hicieron su gira a través de la usual red de colectivos, las mismas normas de ella hicieron posible la venida de Don Cikuta, supongo.

En este mismo sentido se comentó la posible reunión de los Khafra originales (¿originales?, depende a que se refieran, pero definitivamente: modas van modas vienen) que no se si se concretó del todo en algún lugar pero eso dio pie a “Deja Vú”, cuarto disco de peculiares características: grabaciones de temas clásicos que nunca habían sido registrados oficialmente. Se agradece que los hayan rescatado para la posteridad, pero considero que en la medida de lo posible debieron haber hecho un trabajo de restauración en el estudio de los demos en los cuales originalmente pudieron haber sido guardados, una producción así tendría mayor valor histórico y estimativo para quienes los han seguido por tanto tiempo, pero supongo que pido demasiado, no sólo por lo económico sino por la falta de perspectiva en este país para trabajos de esta clase. ¿Por qué menciono esto?, de mantener la grabación original podría intentar transmitirse con mayor facilidad el espíritu combativo que las originó, cosa que se extraña en las nuevas grabaciones que aunque son los mismos temas por obviedad tienen el sonido actual que manejan (si así es, Pascual, cada alineación para bien o para mal ha tenido un sonido particular), por lo que acaban siendo simples y buenas canciones pero sin el aura de inmortalidad iniciales.

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Llegado este punto y ante la próxima salida, eso se dice, del disco en vivo grabado en Guanatos en el concierto con Ángeles del Infierno y Rata Blanca, cabe preguntarse cuál es el sentido de la existencia del Khafra actual, ¿alimentar las eternas deudas pendientes con el pasado de los nostálgicos de vanguardia?, ¿darles alas a los jóvenes que padecen de la bizarra nostalgia por un pasado que no vivieron?, ¿cumplir con la sagrada encomienda de esparcir el “mensaje” del rock´n´roll a aquellas pobres almas que jamás lo han disfrutado en vivo?, ¿servir de música de fondo para la raza chapulina que brinca con cualquier cosa que se le ponga?, estas y otras “misiones” ya es cuestión única de Pascual persistir en ellas al igual que soportárselas a los “rockeros de coraza” que tienen el aguante y el tiempo suficiente para ello, pero ya es una broma de bastante mal gusto además de irritante insistir en la charada del “auténtico gurú del metal consciente” siempre dispuesto a enseñarnos la debida línea de conducta del hombre verdaderamente contracultural.

Cuando jóvenes escuchar de madurez equivale a la artera afrenta de considerarnos los próximos sucesores del lugar de nuestros padres especializados en fracasos y deseos reprimidos, por supuesto no podríamos pensar de otro modo sino fuéramos jóvenes en el pleno sentido de la palabra. Si criticamos la inercia y el amodorramiento de ellos, ¿qué nos hace soportar la misma actitud de un tipo que se quedó clavado en su papel de padre condescendiente?, ¿acaso lo hacemos sólo por que da de comer la carroña que los buitres ansían?, si ese es su sentido de vida no hay problema, pero que no intente dar lecciones de vida alternativa porque no es el más indicado para ello, ese es el problema de mostrar la vida propia como ejemplo a seguir, cosa bastante riesgosa en algo tan sujeto a la apariencia como el rock´n´roll y especialmente si se le ve hasta en la sopa, he ahí la razón por la cual una persona de Guanatos puede considerar su actuación como superior a la de Rata Blanca y Ángeles del Infierno, dado que el dicho espectador no puede “gozar” del dudoso privilegio de gozar una y otra vez con “El faraón del metal” por lo que hay escasas posibilidades de que su mito se vea dañado por la maldita realidad además de que ignora completamente lo que sucede con Pascual por fuera del escenario, y ello debería ser así, pasar de lo externo y enfocarse en lo musical, pero si este hombre se empecina en demostrarnos que en su vida “común” sigue siendo el mismo “radical” congruente que vemos lidereando a Khafra no podemos más que ser inquisitivos con él y con todos aquellos que quieren dirigir de “buena fé” nuestras consciencias, digo, si no somos unos borregos que nos dediquemos a pastar sin replicar (sheep unite!, Jello Biafra dixit).

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La consciencia moral y la responsabilidad ante los actos propios son la medida del valor de una persona no la grandilocuencia mostrada en autoproclamar las “virtudes” personales. Suele suceder que la importancia de los hechos supera a sus propios actores y es sano aceptarlo para evitar degradarse al intentar persistir en ellos cuando ya no somos capaces de estar a su altura, cierto es que el pasado nos da el sentido del presente pero no vivimos en él y es de enfermos intentar conservar el tiempo como si no avanzara por nosotros.

Henry Miller escribió en Trópico de Capricornio que “la música es el abrelatas del alma”, por que así lo considero no puedo dejar de ser crítico de aquellos que intentan desvirtuarla ofreciéndonos en su lugar pobres sucedáneos; ¿en verdad creen en la contracultura?, entonces no permitan que los intentos de profetas esparzan su mensaje de indigencia mental disfrazándolo de conciencia social.

(Publicado originalmente en La Náusea Embriagante No. 01 Febrero 2002)

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