Pestilence – Malleus Maleficarum (1988)

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En su momento este disco causó una gran conmoción (whatever that means) en el mundillo undergrasa que pasados los años uno se pregunta si era para tanto. Digo, todavía aquellos años eran el punto fuerte del Thrash Metal de Segunda Generación e inicios de la Tercera (si es que vale hablar en esos términos), y el Death Metal leve leve pero ya se iba despuntando para unos cuantos headbangers que querían más emociones fuertes que las que les daban los thrasheros, por lo que los discos extremos que se hicieron por aquellos años destilaban una ingenua crudeza y brutalidad que los hacían altamente disfrutables, luego ya se empezó a hacer mainstream (como suele suceder) y las santísimas obviedades nos invadieron hasta el asco. Cuando a Martin Van Drunen, líder de Pestilence, le preguntan por aquella época prácticamente sólo destila una amplia sonrisa, que claramente no implica que lo niegue, pero no puede dejar de reconocer lo ingenuos pero honestos que eran en aquellos días, bueno, éramos todos los weyes que andábamos en esos menesteres. Por eso hasta el fanatismo del “Huilo”, Waldo, César, “Caballo” y Chuy (¡arriba el Plano Oriente, loco!) por este disquín (bueno, quizás más para “El Huilo”) que los llevo a ponerle a su banda “Malleus Maleficarum” (órale raza, pónganse las pilas y alguien haga el paro de si posee el demo oficial de ellos lo digitalice para la demás banda; yo no porque algo le hice al que me dieron que ya no lo poseo), me parece chidoguan y signo de los good ol’ days en los que departíamos en el gusto por el ruido. Y nel no lo niegues, “Huilo”, ya se sabe que Pestilence se basó en la historia sobre “El Martillo de las Brujas”, pero no me salgas con que tu antes de este disco ya lo sabías, por que está bastante jalado de los pelos. P.D.: De entrada, raro era el asunto hasta por el origen de la banda, ya que provenían de Holanda, y en las coordenadas musicales de entonces no era nada habitual, luego ya lo ha sido más aunque nada comparado con los nórdicos, a pesar de los grandiosos Gorefest y The Gathering, y por supuesto de la fiesta ruidosa por excelencia del Dynamo Fest en Eindhoven.

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