De principio a fin

Aeropuerto de la Ciudad de México

Agradezco tanto a Interjet por ayudarme a enfrentar desde el inicio (y no postergar) el hecho ineludible de mi regreso a la avasalladora presencia de las multitudes propias del Distrito Federal. Y no es que para mi sea la muerte, puesto que los 10 años de mi infancia pasados en León me prepararon de alguna forma para algo así, eso me permitió sortear sin grandes dificultades los dos años de mi estancia en la Maestría. Pero claro está que cinco años sin probar de esas mieles y si las de Cd. Obregón y especialmente Navojoa, a cualquiera le van debilitando dichas competencias.

Primero por la compra misma del boleto de avión. Confiado en las bondades de la compra con tarjeta de crédito vía online deje pasar el tiempo y cuando quise hacerlo me tope con medidas de seguridad tan engorrosas que me hubiera llevado más tiempo del que tenía. Por lo tanto, a comprar como cualquier mortal (de otra época) de forma directa en las taquillas del aeropuerto. Para variar, y sin querer queriendo, repetí mi esquema tradicional de poner las cosas al borde, ya que adquirí el último boleto que quedaba (justo en el asiento que intenté comprar online, como cola de perro, hasta atrás).

Cómo podrán imaginar, el avión iba como chimeco, pero eso si (nomás faltaría eso) cada quién en su asiento. No hubo los típicos problemas de Aeroméxico que tanto sabor le dan a las esperas en los aeropuertos (me imagino que mucho más a sus usuarios; estoy siendo irónico, diría Homero Simpson): sobreventa (esas ofertas que hacen hasta que alguien accede bajarse, je) y exceso de carga (clásico que tus maletas llegan después de ti, pero en otro vuelo). Lo que si hubo fue retraso en la llegada y en la salida, cosa que ya nos estaba avisando como estarían las cosas al llegar.

Dicho y hecho, el vuelo fue rápido dentro de lo normal, pero la llegada a la puerta de entrada se hizo larga por la aglomeración de aviones intentando dejar pasaje y otros intentando salir, ¡vamos, como cualquier día normal en el D.F.! El remate fue la tradicional espera del equipaje en la banda correspondiente que equivale a mirar con odio a los que les toca la fortuna de irse primero, confundirte n cantidad de veces (lección nunca aprendida: ponle un distintivo a tu maleta de tal forma que sea claro para ti que es de tu propiedad) y entorpecer y ser entorpecido al sacar el equipaje.

Normalmente me hubiera ido en Metro (tacaño que es uno) pero creo que para un día de repeticiones bastardas de la misma actitud mía fue suficiente, así que opte por la lógica y el sentido común: un taxi megacaro pero cómodo. Espero que eso sea una buena premonición de lo que dejaré y de lo que haré en esta larga estancia. Mientras sólo me queda sumergirme en el vaivén de las multitudes de esta bella y contradictoria ciudad, volverme a adaptar a su cotidianidad.

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Un comentario en “De principio a fin

  1. Compaaaaa!.. debo reconocer algo: en el fonfo, no muy profundo por cierto, me encanta la ciudad de México. Y, aun que diga que nunca viviría ahí, es quizás un deseo reprimido. Un abrazo y éxito!

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