El pequeño reino de los conocimientos limitados

maestro

Alguna vez en una clase unos alumnos me comentaron acerca de algún maestro que consideraban estaba siendo repetitivo y limitado en ciertos temas que impartía en sus clases, pero además consideraban que con dichos temas se alejaban de lo que la materia en curso planteaba. Mi respuesta tajante fue: “¡está haciendo lo correcto!”. Obviamente el grupo puso el grito en el cielo, especialmente considerando la óptica sobre la cual marco mis temas de clase.

¿Qué se puede esperar de una persona que su último paciente constante lo vio en 1989?, ¿Qué su última actualización, real, como profesionista fue en licenciatura, y eso fue hace muchos años?, ¿qué su formación curricular fue de todo y por lo tanto de nada a la vez?, ¿Qué su experiencia se limita a dar “clases”, en el sentido de no hay de más?, ¿qué lo mismo dan materias de porcicultura que de neuroanatomía como de psicología de las masas?.

Pues justo lo que sucede, visiones limitadas en un contexto que ya de por si te marca limitaciones, y que además es ayudado por un discurso autosatisfactorio de superioridad ciega: “¡aquí en mi casa mando yo!”. Bien lo dice Han Yu: “Quien se siente al fondo de un pozo para contemplar el cielo lo encontrará pequeño”, puesto que sus lentes están regidos por una lógica cerrada en si misma que por supuesto hace que lo de fuera sea visto como inexistente en el mejor de los casos e inútil en el peor.

¿Qué queda al alumno? Primero empezar con tener claro que las visiones que tiene ante si no son las únicas, que puede uno como maestro optar por enfocarse en una, pero eso no impide que existan otras tantas. Segundo, no ver al maestro como omnipotente y omnisciente, si no como un guía, un mediador; y esto va en relación a no depositar todo en él si no confiar en construir su propia forma de aprendizaje, considerando lo que le es compartido. Tercero, y último, por ahora, al darle peso moral al docente eso no implica que lo antiético por constancia consideres que hace válida la replicación exacta por tu parte; ¡no inventes!, diría Sebastian Bach, “¡la mierda por más que la dores no deja de ser mierda!”.

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