Civilidad y Norma

Antisocial por nacimiento o educación pero el hecho es que no es mi costumbre asistir a la ceremonia del grito, dos-tres veces habré asistido a lo largo de mi vida y sigue sin estar en mi jerarquía de prioridades. Cuando estuve en el entonces D.F. si me hubiera gustado estar en el mero Zócalo pero siempre preferí pasar ese día con mi familia en León, Guanajuato.

Lo anterior no significa que desapruebe que existan personas que asistan gustosas al evento. Es cosa de ellos, por las razones que sean; nunca he creído que mis ideas y creencias a fuerzas tienen que ser las de todos. No me quita el sueño que alguien vea como basura lo que a mi me gusta.

Los desfiles van por el mismo rumbo, aunque si he asistido a bastantes mas o los seguía religiosamente por televisión (más cuando niño). Cuando me tocó en el D.F. la exposición anual de las fuerzas armadas en el Zócalo asistí gustoso así como miles de personas; que por diversos medios he constado es lo recurrente en ese evento, las colas para los últimos días son larguísimas.

Decir que la mayoría de los mexicanos son idiotas agachones, además de ser una falta de respeto mayúscula es ver las cosas de manera muy simplista, lineal.  Yo veo a mis conciudadanos como practicantes de un pragmatismo muy peculiar en el que detestan los cambios abruptos, radicales, extremos, y optan por aquello que les de seguridad, estabilidad, y sólo reaccionan cuando consideran que les son afectados puntos muy elementales, vitales. Es en esa línea que considero que es por ello que el ejército de manera general sigue siendo visto como garante de la estabilidad de nuestra sociedad, por eso mismo la gente los ve con tanto respeto (no necesariamente por el uso legal de la fuerza, o sea por miedo) y admiración.
Considero que históricamente, aun cuando de pronto se les haya incluido en asuntos lejanos a su desempeño formal, desde el asentamiento de la revolución el ejército ha tomado un papel principal como sostén de las instituciones y la civilidad de nuestra sociedad, tan es así que todo conflicto electoral en tiempos modernos no ha visto la participación activa del ejército. Aún en el hipotético y lejanísimo caso de que AMLOve llegara a la presidencia nacional denlo por seguro que recibiría el mismo espaldarazo que le han dado a todos los presidentes en turno.
Esta diatriba mía es en el sentido de que así como el ejército no ve por hombres si no por Instituciones, y sus representantes formales, eso mismo es lo que deberíamos esforzarnos en nuestra vida diaria. Puedo yo estar en desacuerdo con Enrique Peña Nieto pero no con desvalorizar su figura como Presidente de nuestro país (o como los extremistas claman por derribarlo… ¿a razón de qué y pedido por quiénes y cuántos? Pero eso es materia de otro ocasión) y mucho menos en sus derechos como ciudadano.
Siempre he estado en desacuerdo con esa postura de “nos han hecho mucho daño y por eso esta justificado que yo haga daño”, a ese ritmo no se puede llegar a soluciones si no a eternizar los conflictos. Pueden disgustarnos tantas cosas de la mala o nula aplicación de la ley, pero no es la respuesta ponernos a hace lo mismo como esos que han quebrantado la ley.
Yo llevé a mi hijo al desfile del 16 de septiembre porque si bien quiero que sea una persona con iniciativa propia, con creatividad, capaz de tomar caminos alternos, también quiero que aprenda a vivir con civilidad y respeto por las normas que nos unen como sociedad moderna. Yo quiero que crea en construir no en destruir.

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